Kuessipan
Traducción del francés de Luisa Lucuix
Logroño, junio 2020
Primera edición
ISBN 978-84-17386-61-0
108 págs., 14.5x21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas

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Kuessipan

«Kuessipan [es] un riachuelo que encierra la promesa de un río. […] No estamos ante el estudio sociológico de un extranjero lleno de compasión. Esta es una invitación a una fiesta desconocida: la del simple transcurso de la vida cotidiana».—Dany Laferrière

«Las imágenes en capas de Fontaine de la vida innu están llenas de profundidad humana, y también de lucha, orgullo, alegría y amor. […] Una historia de fortaleza y de esperanza, que están íntimamente entrelazadas».—Montreal Review of Books

«Una revolución de la literatura quebequense, o nórdica, o innu, poco importa. Por primera vez, una escritura indígena abandona el punto de vista de la cómoda eternidad de los antepasados para contar la existencia de una persona real, de una joven lentamente desgarrada entre las vidas posibles».—Louis Hamelin, Le Devoir.

«Un debut admirable. Hay luz en la historia a pesar del trágico destino de los personajes».—Lorraine Pintal, Radio-Canada.

«Pocas veces he leído un texto tan hermoso, inspirado, refinado, sentido, lleno de respeto y dignidad, sobre la vida cotidiana en una reserva de nativos americanos».—Danielle Laurin, El Devoir.

«Hay que leer Kuessipan. Una escritura de rara belleza sobre un tema magnífico».—Emile Cougut

Kuessipan: palabra innu que significa «a ti», «tu turno».

Kuessipan evoca la vida cotidiana en la reserva innu de Uashat. Con una escritura altamente poética, luminosa, de una sensibilidad muy femenina y con un componente reivindicativo exento de cualquier tipo de cólera, Naomi Fontaine habla de lugares, de rostros conocidos y amados. De cazadores nómadas. De pescadores nostálgicos. De vidas alrededor de una bahía que refleja las cosas de la tierra. De liebres. Del pan tradicional. De rituales. De tambores de piel de caribú. De niños que crecen. De ancianos que se reúnen para recordar el pasado. De salmones. De abetos. De barreras visibles e invisibles. De placeres efímeros. Del alcohol que todo lo mata. De viajes en tren. Y, sobre todo, de la certeza de que la vida es un conjunto de piezas que hay que ensamblar para que surja la magia.