Amanece, que no es poco
Logroño, diciembre 2013
Segunda edición
ISBN 978-84-15862-08-6
312 págs., 15x22 cms.
Encuadernación: cartoné
PVP: 23,00€
Precio web: 21,85€

Amanece, que no es poco

Parece lo de siempre y es lo nunca visto: un joven ingeniero español, profesor de la Universidad de Oklahoma, vuelve a España para disfrutar de su año sabático. Su padre le ha comprado una moto con sidecar para realizar viajes de placer los dos juntos. Padre e hijo llegan a un pueblo de montaña, muy escondido. El pueblo parece vacío, pero no lo está. Lo que ocurre es que todos sus vecinos, menos el negro Ngé Ndomo, han ido a misa. Que todos los habitantes del pueblo vayan a misa todos los días del año es lo habitual. El cura se da tal maña con la liturgia que no hay fiel que quiera perderse el espectáculo.

Pero no es esta la única peculiaridad del pueblo. La Guardia Civil, sin ir más lejos, vela por el orden con admirable meticulosidad: los borrachos han de beber su alcohol favorito, de uno en uno y hasta la ebriedad absoluta, los amantes han de gozar en los coitos por igual, los delincuentes deberán confesarse y poner en paz su alma antes de entregarse a las autoridades terrenas…

En el pueblo se celebran elecciones generales cada año, y en ellas se eligen, por rigurosa votación, los cargos de alcalde, cura, maestro, puta, marimacho en período de prueba y seis adúlteras.

Reunimos, para uso y disfrute de fieles y neófitos, las piezas clave —inéditas— de una de las películas más celebradas del cine español: Amanece, que no es poco, de José Luis Cuerda.

En estas páginas el lector puede encontrar el jugosísimo proyecto inicial, el guión original (con escenas que no se llegaron a filmar o que no entraron en el montaje final) y las fotografías del rodaje, todo aderezado con un prólogo y un magnífico anecdotario redactado por José Luis Cuerda para la ocasión. La suma de estos elementos hace que cualquier fan —presente o futuro— de Amanece, que no es poco goce con este libro, un poco más, si cabe, que con la película.

[…] Lo mío, esa es mi firme creencia, no es surrealismo, como se ha dicho, sino pegarle un revolcón a la lógica, fajarse con ella cuerpo a cuerpo y retorcerle el pescuezo hasta que vomite sus últimos argumentos.

Amanece, que no es poco es fruto de un ejercicio de ensimismamiento para buscar las cosas que con más sinceridad y sentimiento llevo dentro. Cosas, intuiciones muchas, que necesito soltar. Algunas, para que dejen de envenenarme; otras, para permitir, como la espuma de la cerveza, que determinados goces me desborden, y otras más, incluso, para enseñar mi propio andamiaje. Busco, entonces, personajes y acciones que «quintaesencien» lo que pienso y siento. […]

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